ABORTO LIBRE: una ley a la medida de un país que ama dividirse

por Waldemar Semenvelope y Marcela Zoom Crazedif

Somos un país que vive hiperventilado. El sueño húmedo de los medios de comunicación que claman desde su cabina de transmisión y desde el twitter sus productores “tirame un título” o “esto mide, dejalo tres horas”. Somos tan ridículamente adictos a las noticias que tenemos el mayor número de canales noticiosos del mundo. Sí, del mundo. Toda esta locura empezó fuerte con el boom de la TV por cable en los ’90 y se terminó de disparar con la caída de las Torres Gemelas y el golpe peronista para derrocar a la Alianza en 2001. Los medios lo entendieron muy bien en estos años. Tenían el poder de fogonear a la gente y apaciguarla, eligiendo qué noticia darle más manija. Pasó cuando el peronismo, ya en el poder, ordenó a los medios bajar el tono al agite a salir a romper vidrieras y batir cacerolas. Ya estaba consumado una vez más el objetivo: volver al poder siempre con la fuerza de la violencia y no con la de los votos. Solo un periodista, Jorge Lanata, pasó de nuevo el informe que hablaba del despotismo del actual presidente, “el Adolfo” Rodriguez Saa, ya que desde el canal donde se lo investigó, hasta las cintas se borraron. “No jodan, es el nuevo presidente” fue la orden que recibieron del canal de noticias que desde ese momento era el de más audiencia en el país, por su cobertura a los saqueos perpetrados por los caudillos peronistas. Un amor que se terminó cuando fue la votación sobre las restricciones del campo y el “no positivo” de Cobos, un vicepresidente que desafió el nepotismo peronista votando en contra de las decisiones de la jefa presidencial.

Somos un país que dice odiar las grietas pero no puede dejar de fomentarlas. Tenemos un adolescente sentido de pertenencia, siempre queremos militar por algo. Y un tema tan sensible como lo es el aborto es el ideal para volver a enfrentarnos. Los que consideran que la vida comienza con la procreación y los que dicen que a los fetos hay que triturarlos por las dudas, amparados ante la ley. Los pañuelos celestes de la vida y los verdes del aborto. Durante muchos años el tema fue vetado, obviado y ninguneado de toda presidencia, o porque no era relevante en las estadísticas o simplemente por una cuestión de ideas personales. En este último caso, la ex presidente Cristina Kirchner, anti-abortista de la primera hora, ordenó, muy al estilo del movimiento nacional justicialista, no tocar en ningún momento el tema. Los medios adictos a la plata estatal ponían cualquier noticia menos plantear el “debate histórico”. Ni ellos ni los medios que se la dan de progres sólo cuando algo “mide”. Lo hicieron con el #8N pero ya las otras marchas las obviaron. Lo hicieron con el asesinato de Nisman recién cuando la gente salió masivamente a las calles a repudiar el hecho. Hoy, la señora que ordenó matar al fiscal que la investigaba y que estaba en absoluta contra del aborto, anuncia que votará alegremente a favor de su despenalización, luego que desde la cámara de diputados se de media sanción a la ley pro-aborto por apenas cuatro votos de diferencia. Una muestra más de lo dividida que está nuestra sociedad. Pero pensándolo más en frío, luego de la catarsis descomunal que hemos visto en las redes sociales y el oportunismo de los famosos para prenderse a la “ola verde”, el verdadero ganador de esta compulsa social fue la misma democracia. Dirigentes que tienen un líder anti abortista votando a favor, caciques con el pañuelo verde con seguidores que se ponían el pañuelo celeste. La decisión política del presidente Mauricio Macri fue riesgosa, pero puso al país primero ante sus opiniones e ideas personales. Cualquier Menem o Kirchner hubiera hecho lo que quiso con la mayoría en ambas cámaras. En realidad, lo hicieron. Pero Macri dejó el tema en la mesa y le dio libertad de opnión a todo el gabinete, dejándolos a puro pedaleo en el aire a los que esperaban otra caudillada en nuestro mansillado país durante 70 años de peronismo déspota. Y así como salió el “primo arrepentido de votarlo a Macri”, ahora aparecen los arrepentidos porque Macri no va a vetar la ley pro-aborto. Los mismos que agitaron desde sus medios y redes el aborto libre, como el otrora reputado periodista Ernesto “Corea del Centro” Tenembaum, se convirtieron en sibaritas de gobiernos, aprovechando la flexibilidad de Cambiemos en su pluralidad real de voces. Gente que cree que un gobierno se sirve previa lectura de un menú de restó de Las Cañitas. Se escudarán con que es “su opinión” pero se desgañitan porque esa opinión la sigan miles de personas. Sueñan con ser el mesías de las redes mientras averiguan en la deep web cómo comprar la verificación de sus cuentas en twitter. Se apropiarán, como los diputados que la agitaron desde su banca, un triunfo épico de algo que tenía que haber pasado como una ley más. Hoy, la Argentina es el segundo país sudaméricano, junto con Uruguay, de permitirle a las mujeres que aborten libre y gratuitamente en hospitales públicos, confirmando que para el estado es más barato sacarse un pibe como si fuera una muela a ayudar a familias con fertilización asistida. Esa es la realidad.


Un país dividido en dos desde hace años, resaltado en este cuadro que indica la votación para aprobar en diputados la ley del aborto libre, que en las calles se festejó como el haber ganado el mundial por penales.

LA CULTURA DE MEDIR
El canal Todo Noticias, además de ser el más visto en su tipo en toda la Argentina, es el arma letal del grupo Clarín, el multimedios más grande del país. Su momento de “gloria” y el comienzo de una seguidilla de éxitos en rating comenzó con la cobertura-agite de los saqueos a supermercados en el golpe peronista del 2001, con una Florencia Etcheves agitando a la gente a que rompa todo desde la calle y un Santo Biasatti diciendo muy seriamente “si sale a la calle, no se olvide de llevar su cacerola”. Hoy, Etcheves, la misma que lloraba notas cuando estudiaba en el TEA mientras le hacía caritas a los profesores, dejó de ser la periodista de piso del canal para seguir escribiendo libros y viviendo de los derechos de filmación de sus obras, mientras agita “feminismo de cocina”, ese que se pone el pañuelo verde en las redes pero que le cocina al marido todos los días, a lo Susanita de Mafalda. Y el inoxidable Santo renunció a Telenoche, el noticiero bandera del grupo, por diferencias con la nueva dirección del programa, que está apostando a jovenes políticamente correctos y que creen que todo pasa por twitter, facebook, netflix y wikipedia (es más barato que salir a buscar la noticia). Hoy se lo ve por las mañanas en Crónica TV, el devaluadísimo canal de noticias que se “modernizó” con programas y otra estructura mas allá del avejentado escritorio y el presentador de notas, aunque sigue con viejas mañas que le dan audiencia como sus ridículas placas rojas e impresentables golpistas como Santiago Cúneo, que no dudan en decirle “conchuda” a una mujer que está golpeando al narcotráfico como nunca en la historia del país, como Patricia “la piba” Bullrich.

C5N, el canal que el kirchnerismo destruyó a base de pautas oficiales durante su régimen, también se prendió a la “ola verde” del aborto libre, primero con mucha cautela y luego, ya con la bendición de su verdadera dueña, Cristina capitana. Un canal que aún no se explica cómo todavía está funcionando con un testaferro-dueño entre rejas.

Y nos falta La Nación Mas, el TN del diario más antiguo del país, quien tambén sigue la misma línea editorial de su hermano mayor. Le dieron micrófono y cámara a pibas que, aún con acné en la cara, nos quieren imponer el terrorífico mensaje “inclusive” donde las palabras con género terminan en “e”, dando resultados amorfos como “chiques”, “todes”, “les”… Miden ellas, miden las feminazis en tetas rompiendo todo un 8 de marzo, mide Boca cuando gana por orden de la AFA… No miden los manifestantes de pañuelo celeste y los dejan en ridículo porque hicieron un bebe de papel maché, no mide el campeón de las olimpiadas matemáticas, no miden los chicos que se caminan todo para estudiar en una escuela rural, no miden los fundamentalistas de derecha y católicos porque “son pocos” mientras muestran una dudosa foto de los pro-aborto de un lado llenando la avenida Rivadavia (tres cuadras) y de otro lado, la calle con los pro-vida prácticamente vacía y lo festejan en twitter como si fuera un gol de la selección sobre la hora… La cultura de “medir” se nota incluso en los adictos a la red del pajarito, devenidos en intelectuales de 280 caracteres, que pusieron el corazoncito verde ¡¡dos días!! antes de la votación y retuiteando lo que cualquier feminista se le cruce escribir contra la iglesia, la “loca del bebito” y de paso también a Macri, aunque hasta los mismos kirchneristas le agradecieron con aplausos la apertura al debate. Como ya dijimos, nuestra cultura de agitarnos hasta a nosotros mismos se nota en las respuestas furiosas y que dudamos que se borren, como Agustín Laje, el militante de derecha cristiana que en uno de sus polémicos twitters acusa a Macri de “aprobar” la ley pro-aborto justo cuando empieza el Mundial para “tapar” los 28 pesos que sale ahora el dólar. Nadie duda de lo preparado intelectualmente que es Laje, pero mezclar la Biblia y el calefón en un momento de calentura tuitera, no le hace bien a la persona que se tuvo que bancar a las feminazis en la Feria del Libro intentando sabotearle su conferencia.


La imbecilidad al palo. Vladimir Lenin, uno de los peores dictadores que tuvo la Rusia comunista, legalizó el aborto hace mas de 90 años para erradicar futuros infieles del régimen. Hoy, las feminazis y troskos fundamentalistas lo recuerdan como un padre ejemplar por haber habilitado la matanza de chicos por nacer. Ya a los adultos los mataba por adultos.

Hoy la mitad de un país festeja que entramos en el primer mundo en el tema aborto, sin saber qué se legalizó, qué se despenalizó, con poco y nada de información. La cosa es salir con un pañuelo y dejarse acarrear. En tiempos de denuncias por acoso en los grandes estratos artísticos, de resurgimiento del feminismo más recalcitrante, estamos frente a una ola que, según las redes más radicales, es “imparable”. Algo muy extraño porque las olas, cuando rompen, se deshacen. Es cuestión de tiempo para ver que lo que ahora se festeja, será combustible para un nuevo debate: las mujeres que pueden pagar un aborto en un hospital privado, se lo vamos a pagar nosotros en uno público. O la víctima de una violación, donde la estadística muestra que apenas 38 abortos de ese tipo hubo en el país durante un año. O rasgarse las vestiduras con los “abortos clandestinos” cuando no hay ni siquiera una estadística seria de cuántas clínicas ilegales hay porque también tendrían que contar las vergonzantes palanganas donde se deponen fetos porque “no son cuerpos vivientes”. Y además, no se puede dar estadísticas de la vergüenza. ¿Qué mujer anda libremente por la calle diciendo que abortó? La mayoría de los pañuelos verdes son de adolescentes necesitadas de “pertenecer”, de abuelas feministas que nunca les fue bien en el amor heterosexual, de mujeres jovenes que en lugar de ver porno a escondidas de sus maridos se ponen a fabricar épica desde sus Ipads, de tuiteros que se prendieron a la “ola verde” horas antes de la sesión de diputados, de famosos que no quieren perder seguidores de instagram ni pantalla en las teles, de mujeres de todas las edades que ven en esas activistas del feminismo a “hombres con vagina” con los que tenés más para admirar que para discutir.
Los argentinos necesitamos la controversia como el aire para respirar. Para gastar al que perdió y para putear al que nos ganó. Futbolizamos todo, hicimos pelota la política. Lo bueno es que esto, no importa cómo termine, es el resultado de un país que de a poco vuelve a ser democrático. Y ojalá que la “dedocracia”, los caudillos “eternos” y el seguir como ratitas al flautista de Hámelin de turno, no vuelva nunca más.

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