CRONICA DE UNA MUERTE AUTO-ANUNCIADA, el triste final de Natacha Jaitt

por Waldemar Semenvelope y Marcela Zoom Crazedif

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Lo que todos creían, pública o silenciosamente, sucedió. La mediática Natacha Jaitt terminó muerta en el dormitorio de un salón de eventos. Las primeras autopsias arrojaron que ya venía sintiéndose mal desde mucho antes de llegar allí. Su corazón no estaba rojo, sino blanco, como congelado. Aunque falta bastante por reconstruir, las cámaras de seguridad la vieron entrar con un hombre a esa habitación, pero ella jamás salió. Se habló de pases de cocaína, de la cual la difunta era adicta. Se habló incluso, en un principio, en ese impresentable y anárquico sucucho que es la “patria tuitera” que la terminaron “suicidando” como a Nisman por las denuncias que un año antes empezó, de un día para el otro, con los presuntos pedófilos que había en el Club Independiente, famoso por su cantera de chicos que vienen de provincias a probarse en ese club grande. Se dicen muchas cosas, pero la realidad hace que todo se caiga por su propio peso: Natacha Jaitt murió en su ley.

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El impresentable medio kirchnerista dirigido por el “profe” Romero no dudó en publicar la foto del cadáver de Natacha Jaitt, que blureamos porque, a diferencia del kirchnerismo, tenemos sentido común de las cosas.

Natacha empezó su periplo mediático yendo a España probando suerte en boliches ejerciendo el trabajo de acompañante, hasta que la llamaron del Gran Hermano de ese país, y desde ahí no paró de exponerse. Su carisma y caradurez hicieron que la llamen para conducir programas de los cuales duró muy poco tiempo por su carácter soberbio y exigente a la hora de discutir su cachet. “Soy una puta cara” era su permanente latiguillo. Y nadie podía decir que lo decía en tono sarcástico: jamás negó que trabajaba como prostituta VIP cuando no salía en la tele o hacía sus shows en el boliche Pinar de Rocha, con sexo oral a los participantes incluido. Su modus vivendi no era solamente acostarse con empresarios por una cifra de cuatro números en dólares, sino también en muchos casos extorsionarlos con mostrarles fotos a sus familias. Ante la negativa de las víctimas, Natacha no dudaba en poner algunas de esas fotos en su twitter, verificado gracias a analistas de sistemas que trabajan de tuiteros por plata, como Javier Smaldone, que aparentemente la ayudó en difundir los chats que supuestamente tenía con el ex jugador Diego Latorre y que casi ponen fin a su matrimonio con la periodista de espectáculos Yanina Latorre, quien rápida de reflejos, se dio cuenta que era todo una tramoya de Jaitt para sacarles plata. Como bien empieza ese impecable artículo de Gonzalo Sánchez en Clarín, “Natacha Jaitt había entendido el juego de twitter: sabía que en la red social del exceso y la incongruencia podía moverse con soltura. Tirar una bomba y otra más y evitar el costo de que todo lo que dijera, como ocurrió muchas veces, resultara incomprobable.” Pero cuando traspasás esa cuna de oro que es twitter, te das de cara contra la pared del mundo exterior y algunos pocos pueden legar a defenderte. Así le pasó en el programa de Mirtha Legrand, que cumplió años justo el día que encontraron a Jaitt muerta en una cama. La invitaron a la mesa de la diva junto a la periodista Mercedes Ninci, una de las primeras profesionales que empezó a investigar el accionar de la modelo que, en plena mesa de la histórica de la tele, desplegó una andanada de papeles con nombres de presuntos pedófilos, entre ellos, Gustavo Vera, amigo de Ninci y del Papa Francisco, a quien también se le atribuye el repentino vuelco de la periodista al kirchnerismo que tanto defenestraba en la década pasada. Se sabe, Ninci es una cordobesa que no se anda con chicanas y sutilezas, y eso muchas veces le jugó en contra en los convulsionados medios capitalinos, que en ningún momento dudaron de su profesionalidad al cubrir notas en exteriores. Natacha Jaitt, muy groseramente, le tiró un pan invitándola a comérselo, lo que hizo estallar a Mirtha que casi la echa de su mesa, algo que jamás ocurrió en décadas de emisión de sus programas. La crónica del diario Clarín antes citada lo resumía muy bien: “Todavía no está claro que hacía la mediática esa noche ahí. O sí. Pero lo cierto es que frente a la diva de los almuerzos televisados, Jaitt terminó de sellar el rumbo de sus últimos días: dio nombres y apellidos de empresarios, de políticos y de famosos que según ella estaban detrás de la red de violadores. El caso de los abusos saltó a los programas de TV de la tarde. La fiscalía de Avellaneda se colmó de cronistas. Legrand pidió disculpas por los excesos verbales de Jaitt. Y la Justicia, como no podía de ser de otro modo, la citó a declarar.” Altas fuentes judiciales aseguraron que la mediática dijo poco y nada sobre sus denuncias televisivas.

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La suerte de Natacha estaba echada. Todos pensamos lo mismo después de ver ese bochorno que, además, ensució la carrera de Mercedes Ninci como a ningún otro colega del gremio: le inventaban twitters con frases que jamás publicó la periodista, las amenazas de muerte se suscitaban a cada rato en su celular, gracias a que Jaitt publicó su número personal en su twitter con la palabra “ataquen”. Los analistas de sistemas / tuiteros mercenarios, como el ya mencionado Smaldone, se encargaron de voltearle el twitter a Ninci y lo celebraron como haber ganado un mundial. En marzo de este año iba a empezar el juicio por la demanda que le hizo la cordobesa a la mediática por daños y perjuicios. Mercedes ya dijo en una entrevista a Radio Mitre, donde trabaja con Jorge Lanata todas las mañanas, que iba a desistir de esa demanda porque el problema era con la mediática, no con sus familiares directos. “La gente sabe quién es Natacha Jaitt y quién soy yo. La gente sabe de qué trabajo y no sabe de qué trabaja ella“, “Trabajaba de extorsionadora. La contrataba gente que quería datos de otras personas. Ella tenía que seducir a esa persona y luego apretarla. No es lo mismo una chica de la calle común que se acuesta con un empresario y le dice ‘dame tanta guita si no hablo con tu familia’ que esta mujer que tenía una llegada increíble a los medios. Generaba un rating impresionante. Cuando el dólar estaba por las nubes, todos estaban atrás de esta mujer” dijo Ninci, remarcando su actual ideología política. A lo último de ese reportaje telefónico, la periodista dice que lamenta lo sucedido “por sus hijos, no por ella”, lo que muchos interpretaron como un “festejo” de parte de Ninci. La honestidad brutal que siempre caracterizó a la cordobesa y que siempre chocó con los ardides mediáticos de la fallecida Natacha Jaitt, tenían su razón de ser: una autoproclamada prostituta VIP casi le arruina de por vida una carrera periodística de años. Una mediática entrenada por Ana Polero, una tuitstar que, al conocerse su presente como espía de la SIDE residual, desapareció de todas las redes sociales que manejaba.

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Un tuit que la mediática publicó en tiempos del escándalo en el programa de Mirtha Legrand. Con emojis incluidos, Natacha estaba avisando lo que fue su peor final.

El final de Natacha Jaitt estaba cantado. Una mujer a la que muchos admiraban su valentía al denunciar compulsivamente a quien se le cruce, pero pocos tenían ganas de ahondar en su modus operandi para subsistir, a base de extorsiones y bombas mediáticas en esa anarquía llamada twitter. Nadie se quería hacer cargo de semejante lastre en sus programas televisivos tras el escándalo Latorre y ese impresentable colectivo abortero llamado Actrices Argentinas apenas lanzó un comunicado pidiendo justicia por una persona que ignoraron olímpicamente cuando estaba viva. Atrás quedó su pornográfico “Martes de tetas” en su twitter alternativo, donde invitaba a mujeres a que desde sus propias cuentas, muestren los pechos sin pudor, para deleite de mucho degenerado que las marcaba, las seguía desde su twitter y que, por suerte, no terminó en ninguna tragedia, comprobando que para Jaitt no había ningún límite en lo que a redes sociales se habla. Muchos dirán que su comportamiento fue patológico, digno de estudios psiquiátricos, de un nido vacío a falta de padres y de reflejar una familia unidamente disfuncional, con un hermano también mediático y conductor de radio, y dos hijos que uno de ellos aún es menor de edad y no se sabe con qué familiar se va a quedar. También su comportamiento rozaba peligrosamente la ingenuidad, pensando que porque salís en televisión no te va a pasar nada. Nadie con dos dedos de frente va a festejar la muerte de nadie, ni siquiera de una mediática que vivía mojándole la oreja a tipos con mucho poder y que caminaba por las calles sin custodia, como pechando la muerte. Esa muerte que le apareció, por ahora dudosamente, en una cama de un salón de eventos.

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